EL PODER FINANCIERO DE LA CULTURA ÉTICA

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Durante años se pensó que hablar de ética en los negocios era un asunto de discursos inspiradores, pero no de resultados. Hoy, la evidencia muestra lo contrario: las organizaciones con una cultura ética sólida no solo son más confiables, también son más rentables.

El profesor Terry W. Loe (1996) fue uno de los primeros en demostrarlo con evidencia empírica. En su estudio The Role of Ethical Climate in Developing Trust, Market Orientation, and Commitment to Quality, encontró una relación significativa y positiva entre el nivel de clima ético, la confianza interna, la orientación al mercado y el compromiso con la calidad. Es decir, cuando los empleados perciben integridad organizacional, crecen las condiciones que sostienen la productividad y el desempeño.

Esa intuición hoy tiene respaldo global. Según Ethisphere (2024), las compañías reconocidas por su cultura ética superaron en promedio un 12,3 % a sus pares del mercado en un periodo de cinco años. Además, el 96 % de esas empresas realiza encuestas de cultura ética al menos cada dos años y un 49 %, cada año. En otras palabras: las empresas que escuchan, miden y gestionan su ética obtienen retornos tangibles.

También desde Europa contamos con evidencia rigurosa. El estudio sueco “The Effect of Corporate Ethics on Corporate Financial Performance” analiza, con datos de miles de empresas, cómo las prácticas éticas internas se relacionan positivamente con el desempeño financiero.

Ahora bien, la medición y la voz del empleado importan. Ethisphere reporta que 93 % de los empleados afirman que denunciarían una falta si la observaran, pero solo un 50 % la reporta efectivamente: un “speak-up gap” que las compañías deben cerrar con confianza, justicia organizacional y protección a denunciantes. Fortalecer esa coherencia interna vuelve real el valor de la ética.

En síntesis, las investigaciones convergen: la ética no es un costo, es una inversión. Cuando se traduce en cultura viva, con liderazgo, medición periódica, aprendizaje y coherencia, disminuyen riesgos y rotación, se atrae y retiene talento, crece la lealtad del cliente y mejora el rendimiento financiero. Ese es el verdadero “poder” de la cultura ética.

Como señalan Ferrell, Fraedrich y Ferrell, el liderazgo efectivo alinea la integridad con la estrategia: los valores son el motor invisible de la competitividad y la sostenibilidad. Cuando las decisiones diarias reflejan esos valores, la ética deja de ser eslogan y se convierte en pura ventaja competitiva.

Bibliografía

Diego Fernando Hurtado Guzmán

Soy Médico de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Gerencia de la Salud Ocupacional y Magíster en Bioética de la Universidad CES. Destacado expositor nacional e internacional en temas sobre el trabajo y las humanidades, además de ser docente de cátedra en varias universidades del país. He sido galardonado con la Medalla de Oro al Mérito Profesional con Distintivo Internacional de España y el Premio Profesor Dr. D. Rafael Ruiz Calatrava, otorgado por la Comisión de Honores y Distinciones de España en 2022. También soy el creador del blog «El Arte de Trabajar Feliz», donde comparto estrategias para fomentar un entorno laboral saludable y feliz, integrando principios de bioética y bienestar ocupacional. Mi trayectoria profesional se centra en la mejora continua y la implementación de prácticas innovadoras que promuevan la ética, la salud y la felicidad en el entorno laboral.

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