¿Qué dicen los expertos?

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¿No ves la agudeza que tienen las abejas a la hora de modelar sus viviendas, con cuánta concordia distribuyen el trabajo que tienen que afrontar en todo momento? ¿No ves qué incapaces somos los mortales de imitar la tela de araña, que trabajo tan grande supone distribuir los hilos los unos dispuestos en línea recta o manera de vigas maestras, los otros discurriendo en círculos, tupidos los de adentro y espaciados los de afuera, para que en ellos como en una Red se trabe los animales pequeñitos cuya perdición procura toda esta trama? Esta técnica es innata, no aprendida. Por tanto, ningún animal está mejor instruido que otro: verás las telas de araña siempre iguales, siempre igual es la celdillas en cada rincón del panal. Todo lo que la técnica transmite es desigual e inseguro: lo que dispone la naturaleza tiene unos resultados parejos. Ella no transmite más que el cuidado de sí y la pericia para hacerlo, y por eso comienzan a la vez esas enseñanzas y la propia vida.

Las cartas a Lucilio, Séneca. Cátedra letras universales. Pág.714

Reflexión: Para nosotros los trabajadores, recurrimos normalmente a la técnica para resolver nuestros dilemas laborales. Sin embargo, según Séneca, esta técnica suele ser más imperfecta que las habilidades innatas humanas (En alusión a la habilidad adquirida de la araña para construir su res de araña). Por ello, aliméntate con la técnica pero construye tu red innata, tu humanidad.


(…) Identificar al ser humano con su mera profesión constituye un error gravísimo: en cualquier hombre hay algo esencial que va mucho más allá del oficio que ejerce. Sin esta dimensión pedagógica, completamente ajena toda forma de utilitarismo, sería muy difícil, ante el futuro, continuar imaginando ciudadanos responsables, capaces de abandonar los propios egoísmos para abrazar el bien común, para expresar solidaridad, para defender la tolerancia, para reivindicar la libertad, para proteger la naturaleza, para apoyar la justicia…

Libro:La utilidad de lo inútil. Nuccio Ordine. Pág.81


Reflexión: Cuando iniciamos una reunión, solemos presentarnos de manera grupal desde los logros académicos o desde los títulos profesionales. Al final, no se logra saber quién es realmente esa persona. Procuremos, antes que nada, presentarnos desde lo que somos como seres humanos. Pero, recordemos que este título: El de ser humano, no se gana en las universidades. Se logra con trabajo duro y esfuerzo forjando las virtudes.


«¿En qué consiste la educación? Consiste en discernir, entre todas las cosas, aquellas que dependen de nosotros y aquellas que no dependen de nosotros. Ese modo de discernimiento es el fundamento de todo arte de vivir…»

Libro: Manual para la vida feliz. Pág.91. Pierre Hadot y Epicteto.

Reflexión: Por tanto, para trabajar feliz es necesario educarse, no sólo en el conocimiento técnico, es necesario también, educarse en hacerse la pregunta frente a cada circunstancia que se nos presenta en el trabajo: !Eso que acaba de ocurrir depende de mí o no depende de mí! Si sí depende de mí, pues, ponte en marcha y ejecuta todas aquellas acciones que requieres para modificar la acción. Por el contrario, ¿no depende de ti? pues entonces acéptalo y déjalo fluir.

Muchas de nuestras preocupaciones laborales se enfocan en lo que no podemos modificar (como por ejemplo, la opinión que tienen nuestros jefes de nosotros). Cuando lo hayas entendido, sí que serás feliz.


«El que es valiente vive sin miedo; el que vive sin miedo vive sin tristeza; el que vive sin tristezas es feliz«

Cartas a Lucilio. Séneca. Cátedra letras universales. Pág.450

Reflexión: Nuestros esfuerzos del día a día, no deben ir encaminados solamente al enriquecimiento del poder, el bolsillo y los favores. Debe ser, por el contrario, el fijarnos una meta: El de aprender y luchar por vivir sin miedo. De esto trata la humanización: De aprender a vivir sin miedo. En la medida que vamos generando una vida sin miedo, nos vamos volviendo más humanos. A esto nos debemos enfocar en nuestros trabajos: En el perfeccionamiento de cada acción laboral que se nos presenta. Hacer de dicha acción, lo mejor posible, con el carácter necesario para perder el temor de vivir.