Venezuela: cuando el poder silencia la verdad.

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El pasado domingo 28 de julio el planeta fue testigo de las elecciones presidenciales en Venezuela. Si bien teníamos muy claro las posibles triquiñuelas del tirano para perpetuarse en el poder, abrigábamos una esperanza propia de los humanos: la de ver al hermano pueblo venezolano agitando su tricolor estrellado por la libertad. Una libertad perdida luego de años y años de hambruna, desesperanza, pobreza y falta de humanidad.

Fui testigo de cómo muchos ciudadanos por el mundo en las redes sociales manifestaron su solidaridad como prueba de ese aspecto que nos hace tan humanos como lo es la cooperación y la colaboración. “Que se vaya la dictadura”, “que caiga el tirano”, fueron frases muy comunes en las redes sociales para expresar el sentimiento de esperanza que teníamos como sociedad.

Sin embargo, ocurrió lo que pensábamos, y fue que este tirano, como muestra de sus grandes habilidades inhumanas, no demostró transparencia en el proceso electoral, dejando a la vista del mundo entero, la utilización de todo tipo de argucias para su perpetuidad en el poder. Menudo problema tenemos nosotros los Latinoamericanos con gobiernos que desean alejarse de la verdad por el poder, sin reconocer la que es realmente bueno para sus sociedades.

Les recomiendo leer el capítulo denominado “postverdad” del autor Yuval Nohah Harari en su libro XXI lecciones para el siglo 21, en el que éste hace alusión acerca de cómo, cuando el ser humano está en búsqueda del poder, se desvanece la verdad; así mismo, cuando se enaltece la verdad, el poder sale de la escena rápidamente.

Entonces, ¿qué más tiene que ocurrir en nuestra hermana Venezuela para que se restituyan la verdad, la libertad, el honor y la democracia? ¿Cuántas heroínas como la hoy denominada “dama de hierro”, tienen que enaltecerse ante tanta tiranía?

Quiero aquí hacer un llamado por la ética: aquello de lo que hablaron tanto los griegos y algunos romanos de la era antigua, que buscaban establecer, primero, ¡cómo vivir bien la vida! y, a partir de ahí, definir ¡cómo vivir en sociedad! Esto, debido a ese peligroso animal oculto en nuestros cerebros y nuestra historia que está al acecho, y que siempre busca, a pesar de nuestra educación, hacer de las suyas para tirar por la ventana la verdad y quedarse con el poder, que a fin de cuentas es lo que ocurrió ayer en la casa de gobierno de Venezuela.

Hoy, allá, donde la tricolor estrellada no está en lo alto, tienen encerrada a la ética y el humanismo. Que la dama de hierro acuda a su rescate, como lo viene haciendo, para que nuevamente podamos sentir el honor de ser seres humanos.

*Esta columna no fue escrita por Inteligencia Artificial (IA). Fue escrita desde la mente y corazón de su autor: Diego Hurtado Guzmán.

Soy Médico de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Gerencia de la Salud Ocupacional y Magíster en Bioética de la Universidad CES. Destacado expositor nacional e internacional en temas sobre el trabajo y las humanidades, además de ser docente de cátedra en varias universidades del país. He sido galardonado con la Medalla de Oro al Mérito Profesional con Distintivo Internacional de España y el Premio Profesor Dr. D. Rafael Ruiz Calatrava, otorgado por la Comisión de Honores y Distinciones de España en 2022. También soy el creador del blog «El Arte de Trabajar Feliz», donde comparto estrategias para fomentar un entorno laboral saludable y feliz, integrando principios de bioética y bienestar ocupacional. Mi trayectoria profesional se centra en la mejora continua y la implementación de prácticas innovadoras que promuevan la ética, la salud y la felicidad en el entorno laboral.

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